Shane Greene. Una nueva mirada a los ochentas subtes

Shane Greene durante un concierto en Lima © Carlos Vela

Entrevista realizada por Martín Carrasco

Fue a finales del 2008, en el segundo piso de un edificio donde funcionaba el Yacana, frente a la Plaza San Martín, que lo conocí por primera vez. En esos años Montaña (Raúl Montañez, guitarrista de las primeras formaciones de Leusemia y uno de los fundado-res de la movida subte) era el administrador de ese bar y yo le estaba haciendo unas preguntas para un trabajo universitario. A mitad de la entrevista me avisan que está llegando otra gente, entre ellos un antropólogo gringo que también estaba interesado en la movida. No tenía ni idea de quién era, conversamos muy poco, creo que tanto él como yo estábamos más interesados en lo que hablaban los subtes que en lo que pudiéramos decir nosotros. Al final, el gringo me regaló el último cedé que había publicado (una serie de canciones de su autoría y un ‘cover’ a Voz Propia) y me dio su tarjeta, que lo presentaba como profesor universitario del Departamento de Antropología y Estudios Internacionales de la Universidad de Indiana (EE.UU.).

Nueve años después, me lo vuelvo a encontrar en la librería Escena Libre para la presentación de su libro-ensayo, Pank y revolución: Siete interpretaciones de la realidad subterránea (Pesopluma, 2017), una extensa investigación sobre la movida subte en los ochentas que no ha pasado desapercibida. Ya en su país y por internet, con un lenguaje entre académico y callejero (como el de su libro), Shane Greene, autor nos resuelve algunas dudas sobre el libro y sobre su visión de este fenómeno cultural.

En los ochentas, hubo cierta confusión de conceptos que llevó a relacionar la palabra subte con lo subversivo, y que por tanto vinculaba a lo punk con Sendero Luminoso. ¿Cómo abordas esta diferenciación en tu libro?
Si me permites decirlo sin sonar como gringo arrogante (¿se puede?), creo que tuve cierto privilegio lingüístico al tener un dominio completo del inglés al preguntarme: ¿qué significará ‘subterráneo’ dentro del contexto de rock peruano? El mismo Montaña (Raúl Montañez, guitarrista de las primeras formaciones de Leusemia) hace poco me confirmó que, además de haber aparecido en ese afiche clásico de Leo Escoria con el ‘mostrito’ (que viene a ser como el ícono de la movida), la palabra ‘subterráneo’ fue apropiada como todo un concepto de ‘underground’ en inglés (que data a la era del Underground Railroad, por si acaso). Entonces, me fascinó este proceso de ‘transubculturalización’ en que los subtes forjaron una identidad, y por ello unas prácticas y políticas propias, radicalmente distintas de la ‘subversión’ senderista, entendida básicamente como la organización clandestina de una guerra contra el Estado y por último contra los ciudadanos que no estuvieron de acuerdo con el marxismo como propuesta de renovación social.

¿Qué tan decisiva fue la contemporaneidad de Sendero para la construcción de una percepción subversiva sobre los subtes?
Muy decisiva. La guerra interna ha marcado toda la sociedad peruana desde entonces, ¿no?  Hasta hay un museo financiado por el Estado que habla de eso: el LUM, Lugar de la Memoria. Hay algunos que me acusan de “sobredimensionar el conflicto” (Rafo Ráez, por ejemplo), y el conflicto no es todo obviamente. Pero, para mí, lo que se entiende como subte en los ochentas y principios de los noventas no es que se defina solo en términos del conflicto; pero sin el conflicto, el fenómeno subte, sus canciones, sus imaginaciones, sus imágenes hubiesen sido muy distintas.

En tu libro abres el debate sobre si la movida la integraron básicamente clases medias, algunas más acomodadas y otras, por el contrario, cercanas a lo jodido, pero sin estar realmente jodidos. ¿Quiénes conformaron lo subte?
En serio, ¿cuántos subtes surgieron de los pueblos jóvenes? Por la magnitud de la crisis económica en aquellos años casi todos de la clase media andaban jodidos, pero mira cuántos profesionales y gente con educación superior hay que salieron de la movida subte. Mira en qué partes de Lima viven. No he hecho encuestas, pero en mi opinión y en base de varios años de investigación y también de casi cincuenta entrevistas… Pues sí, la gran mayoría de los subtes eran de clase media tirando para arriba. Cuando se mencionan excepciones casi siempre hay una tendencia a referir las mismas, por ejemplo, El Omiso, pero no son más que eso: excepciones. Que no vengan con cuentos de que el rock subte se llenaba de gente de Villa El Salvador.

¿Era inevitable el conflicto entre ‘pitupunks’ y ‘cholopunks’?
¡Claro que sí! En una escena rockera, llena de actitudes agresivas, letras frontales, imágenes provocativas y jóvenes comprometidos con una postura de rebelión; en una escena rockera que emerge también durante el conflicto más sangriento de toda la historia del país como República (y que de hecho fue la expresión peruana de la Guerra Fría); en una escena rockera así, ¿podíamos esperar que los subtes andarían de la mano cantando su solidaridad, comiendo helado y siendo todos armoniosos uno con el otro? No pues, choche. Eso sí, después de tantas preguntas al respecto yo mismo siento que se fija demasiado en ese asunto con respecto a mi libro. Debe ser por culpa de haber usado un título tan explícito (El Problema del Pituco) a uno de mis interpretaciones. Pero para mí, siempre representaba a lo mucho una séptima parte del asunto. Una séptima parte que era necesaria contar, pero séptima parte a fin de cuentas.

En el libro de Daniel F Los sumergidos pasos del amor se menciona que uno de los motivos de la fragmentación de la movida se debió a que se no permitía asociar lo subte con géneros que no fueran el punk, como por ejemplo la fusión andina. ¿Se trata realmente de una fragmentación musical al margen de pugna de clases o forma parte de esto último también?
Creo que el asunto de discriminación en base de las influencias musicales forma parte de la historia, sólo que nunca me pareció lo más interesante y/o no supe cómo abordarlo en el libro ya que en realidad es un asunto que está casi siempre presente en cualquier escena musical, las “peleas de estilo”. De hecho, llegué a entrevistar gente de Del Pueblo y el mismo Cesar N. y ellos efectivamente te cuentan sobre cómo se sentían a la vez incluidos y excluidos del rock subte por desarrollar estilos musicales que iban más allá de los parámetros (fácilmente) entendidos como punk o hardcore. 

Por lo general, se le ha dado poca importancia al aporte de los artistas plásticos a la movida subte, no sólo desde los actores involucrados en ella, sino desde los propios investigadores. ¿Es tu libro una manera de saldar cuentas?
Ojalá que así sea. Me parece que efectivamente los que han investigado el ‘rock subterráneo’ tienden a no prestar mucha atención a los artistas o fotógrafos que estuvieron ahí o solo los llaman para que pedirles prestado su archivo. Por otro lado, los que sí han estudiado a Bestias/NN, Herbert Rodriguez, Jaime Higa, Dalmacia Ruiz Rosas… no tienen mucho que decir sobre la escena musical en que estos y muchos otros artistas también estaban metidos. Habría que reconocer el simple hecho de que el subte, así como el punk, nunca ha sido sólo una propuesta musical. Por ejemplo, fue en la primera portada del famoso fanzine llamado simplemente “PUNK” de John Holmstrom, en 1976, donde más claramente se estableció que se usaba ese término para referirse a un fenómeno musical urbano de NYC, y precisamente a través de un dibujo de Lou Reed.

Tú comenzaste tu relación con el Perú investigando a las comunidades amazónicas. ¿Aún podemos imaginarnos la selva como un territorio virgen donde encontrar los orígenes de nuestra civilización?
La Amazonía nunca es tan virgen como la imaginación colonial nos dice, ya que ha habido humanos viviendo ahí hace miles de años. Que sea grande, que sea un lugar con asentamientos dispersos, que sea un sitio donde hay cientos de lenguas indígenas y también una historia larga de colonización europea-americana y que esté ahora más jodida que nunca con la economía extractivista que predomina en Sudamérica es otra cosa.

¿Tu experiencia trabajando temas sociales en una zona tan conflictiva en su relación con el Estado te sirvió para la investigación de este libro? ¿Es posible establecer alguna conexión entre las comunidades de la selva amazónica y los subtes?
El hecho es que hay muchos pueblos amazónicos que son más anarcos (en su vida diaria, en sus relaciones sociales, en su falta de un sistema de liderazgo jerárquico) que los subtes. De hecho, es algo que ha unido mi paso de la selva a la ciudad. Me acuerdo, por ejemplo, muy bien el día de la movilización en Lima días después del Baguazo, cuando de repente establecí estos posibles vínculos no necesariamente pensados; Rodrigo Quijano (un “proto-subte” a quien aún no conocía) distribuyendo sus pegatinas de “Todos Somos Nativos”, varios anarcopunks adelante tirando piedras a los tombos en Abancay, y yo que también estaba ahí (de “ilegal”, supongo, ya que está prohibido que un extranjero participe en protestas sociales según la ley peruana). También es en ese momento que salió el primer libro (Caminos y Carretera, IEP, 2009) sobre la carrera política de los Awajún.  

Has mencionado que no es tu interés abordar históricamente el proceso de la movida subterránea, entre otros motivos, porque sostienes una atemporalidad en lo punk, se es punk y punto. Sin embargo, ¿se puede, tal vez, mencionar qué factor es el que lo inicia, caracteriza o distancia de otras propuestas musicales rockeras?
Oh wait, Señor! Yo nunca he dicho que no abordo lo subte históricamente. He dicho que me aburre cualquier concepto de la historia que se base en construir una cronología. Por eso el libro te representa lo subte en 7 interpretaciones, interrelacionadas entre sí pero independientes al mismo tiempo, y así puedes comenzar y terminar de leer el libro donde quieras. Simplemente no quise caer en la trampa de una representación que es tantas veces asumida como normal, tipo “Fenómeno Histórico Tal, Fecha X hasta Fecha Y” y más bien quise plantear que el concepto del “diálogo” (de Mijail Bajtin), en lo cual el pasado, el presente y el futuro siempre están juntos conversando, se puede usar como otra forma de “contar historias” sin la necesidad de construir cronogramas lineales.

María T-ta ha comenzado a cobrar la importancia negada en el pasado, tanto Fabiola Bazo como tú han abordado la significación de su presencia en la movida, evidenciando contradicciones en un comportamiento reaccionario-machista hacia ella, y más teniendo en cuenta las consignas rebeldes “progres” del punk. ¿Se puede hablar desde Mariátegui sobre la violencia de género?
¿Que tal un sí y un no? Si entendemos el concepto de “la realidad peruana” como yo quiero entenderlo, no como un nacionalismo fácil sino como un proyecto de sustentar cualquier teoría “universal” a partir de sus propias particularidades sociales e históricas, entonces Mariátegui nos ofrece algunas cosas para entender lo específico de las estructuras de género en un contexto peruano. Pero creo que Mariátegui es como casi todos los “marxistas machos” de su época, y de todas las épocas en realidad. Un poco consciente de las luchas feministas (y sí escribió un par de textos cortos al respecto), pero relativamente ignorante del nivel de complejidad que se requiere para entender cómo funciona el género y la misoginia. Ni hablar de las propias experiencias femeninas y ‘queer’ que también son bases para proyectar un pensamiento crítico al respecto. Mariátegui es mínimamente cómplice inconsciente de un sistema que no quiere aceptar que el “problema de género” es igual de profundo y necesita su propio análisis. No puede ser reducido a esa mierda marxista de “contradicción secundaria” para servir el fetiche de la “lucha de clases”. Por algo es que yo (seguramente otro “marxchista” sin querer a veces) decidí entrar en dialogo con Goldman en el capítulo sobre María T-ta. Por algo es que algunos de los “verdaderos subtes” tienden a joderle más a Fabiola Bazo que a mí por ser ‘subteólogos’.   

¿Qué conclusiones ha dejado esta investigación a un ex-punk, antropólogo, catedrático, músico, gringo sobre la movida subte?
Que ni cagando quiero ser ‘subteólogo’ toda la vida, pero que me encantó este proyecto y espero que a pesar de cualquier inexactitud que pueda haber en el libro, sirva de algo y que he salido con un culo de amistades que van a durar toda la vida.

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