Lambayeque, nuevos horizontes de la arqueología peruana

© Proyecto de Sipán

Artículo escrito por Carina Moreno

Hablar de la Ruta Moche es pensar en los sitios arqueológicos que se encuentran distribuidos entre los departamentos de Lambayeque y la Libertad. Sitios como La Huaca de la Luna y el Sol. Sipán y Sicán se encuentran aún en proceso de investigación y cada vez los hallazgos son más sorprendentes.

Es por eso que llama la atención la reciente publicación del libro Lambayeque, nuevos horizontes de la arqueología peruana, una obra colectiva que involucra a investigadores tanto peruanos como de otros países: Bernd Schmelz, Krzysztof Makowski, Edgar Bracamonte, Carlos Elera, Antonio Aimi, Walter Alva, Luis Chero, y Susan Ramírez, entre otros.

El libro fue realizado en el marco del proyecto de desarrollo Propomac promovido por la Università degli Studi di Milano y financiado por el Fondo Ítalo Peruano. El proyecto empezó en el 2010 en el SHBP (Santuario Histórico del Bosque de Pómac), donde se han hecho trabajos para el desarrollo de la población local (agua potable, construcción de una planta para la producción de harina de loche y otros productos). Al mismo tiempo, se promovieron importantes excavaciones en Huaca Lercanlech, bajo la dirección del arqueólogo Carlos Elera, del Museo Nacional Sicán.

Para las instituciones italianas estas actividades de capacitación y puesta en valor son acciones que fomentan el desarrollo de las zonas aledañas a los sitios arqueológicos.

Lambayeque, nuevos horizontes de la arqueología peruana es una publicación que ofrece, entre otras novedades, un interesante debate en un artículo de Kristof Makowski sobre el uso del término Lambayeque versus Sicán en las investigaciones de la Costa Norte, como también lo afirma Carlos Elera del Museo Nacional de Sicán quien vino a Lima para participar en la presentación.

Gracias a que el proyecto financió nuevos análisis de Carbono 14 y Termoluminiscencia de algunas piezas, Antonio Aimi, Walter Alva, Luis Chero, Marco Martini, Francesco Maspero y Emanuela Sibilia, utilizando nuevos fechados obtenidos de dichos análisis según modelos bayesianos, lograron determinar una nueva cronología de Sipán, de la que inferimos que el Señor de Sipán es cuatro siglos más reciente de lo que se pensaba, ya que la Tumba 1 se remonta al 640-680 d.C.

Por su parte, Carlos Wester La Torre parte del impactante descubrimiento de la tumba de la sacerdotisa de Chotuna – Chornancap para abordar el tema de la importancia del papel de las mujeres y, en particular, de las mujeres de poder en las culturas Moche y Lambayeque.

Junto a Elera llegó a Lima el arqueólogo Luis Chero del proyecto arqueológico Sipán y ambos aseguran que la presencia de los museos, la capacitación y los talleres de concientización han detenido de alguna manera los huaqueos que asolaron la zona durante años. “Se solía huaquear en Semana Santa. Es muy difícil para los arqueólogos contextualizar piezas desperdigadas de una tumba luego que esta ha sido profanada. Afortunadamente aún existe mucho por explorar e investigar”, comenta Elera.

Por su parte, Chero cuenta que el proyecto del FIP y la universidad italiana permitió realizar investigaciones y hallazgos a partir de los apuntes del arqueólogo Izumi Shimada.

Ambos arqueólogos también mostraron su preocupación porque la reciente crecida de los ríos, que en el caso de Sicán está a 200 metros, amenazan con destruir los sitios prehispánicos por lo que solicitan las autoridades pertinentes puedan tomar las medidas necesarias en coordinación con el Ministerio de Cultura y las zonas arqueológicas.

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Manuel Vera Tudela: “Falta música donde nos encontremos desde adentro”

© José Peralta

Entrevista realizada por Daniel Boyco Orams

Manuel Vera Tudela presentó su cuarto disco, Hilo. En esta ocasión, el músico peruano apuesta por la belleza, por la sinceridad y por la música como medio de autoconocimiento en clave pop. Su música es un río tranquilo en estas pistas de odio.  

¿Cómo se diferencia Hilo de tus anteriores producciones?
Es un disco más maduro, de alguien que se hace más viejo. En Hilo he encontrado más calma, es como un punto de llegada de un viaje largo. Además es un disco técnicamente mejor a los anteriores.

Ahora trabajaste con un productor musical…
Efectivamente. Hilo es el primer disco en el que no he trabajado solo. Sabía que necesitaba una mano para traer a tierra mis ideas. Trabajé con Alejandro Rivas (del dúo Alejandro y María Laura) y también por primera con un montón de músicos. La intención fue clara desde el comienzo: quería un disco de banda, de grupo, de amigos. Y quería que sonara bien, mejor que lo anteriores, sin perder lo que considero mi estilo personal: íntimo y artesanal.

¿Es un disco minimalista?
Sí, porque es un disco de voz y guitarra. Es un disco donde lo más importante son las letras.

¿De qué cantas en Hilo?
Los ejes principales son la pérdida y el encuentro. Hay una esquina triste, donde está la pérdida de amor, de ideas, de amigos, la renuncia. Esa es la esquina oscura. En la otra esquina está el encuentro, los nuevos amigos, el nuevo amor, la nueva experiencia, la nueva casa, nuevas oportunidades. En el medio de todo esto, hay un hilo conductor que es la sensación de un niño de 32 años que se prende de nuevo de la vida, que al pasar de la pérdida al encuentro, se vuelve a asombrar de lo lindo de vivir.

¿Por qué elegiste el título?
Me gustó la idea de tejer los dos ejes del disco. Es un proceso lento, que requiere cuidado, donde tienes que ser amoroso y que puede doler, porque hinca, y que puede romperse en cualquier momento, pero que siempre está en construcción. Este acto de tejer es el acto del amor. Esta transformación es un acto amor.

¿El amor está presente en el disco?
El amor está presente en todas sus formas, en lo feo y lo bonito. Pero pienso que es una idea más madura del amor. Ya no es el amor romántico de mis discos anteriores, sino uno más aterrizado, pero no por eso menos divertido ni menos emocionante. Al contrario, esta reformulación del amor que vivo en mi vida y que está presente en Hilo es fascinante. Me embelesa.

¿Cómo es hacer música en el Perú para ti?
Bueno, me confunde un poco tener que poner en la geografía el acto de hacer música. Hacer música para mí es una experiencia sublime, sagrada. Hacer música no es un problema. Lo que es difícil es hacer que se convierta en tu trabajo. En el Perú eso es difícil y a veces hasta doloroso. Pero quiero enfocar mi carrera en que el Perú también es un lugar de oportunidades, en el sentido de que nos hace falta música de corazón

¿Qué es música de corazón?
Es una música que cuando tú la cantas es capaz de mover, de generar un impacto en otra persona. Música capaz de generar un movimiento en el corazón de alguien, tan igual o mejor de lo que tú como músico estás sintiendo. Creo que falta música donde nos encontremos desde adentro. Hay muchas músicas en el Perú, pero la mayoría es de entretenimiento. Falta música que, además de entretenimiento, te de encuentro contigo mismo.

¿Es eso lo que encontramos en Hilo?
¡Espero! En Hilo está puesto lo mejor que he podido dar. En cada inflexión de voz, en cada nota de la guitarra, está lo mejor de mí. Lo he dejado todo. Y no solo en el proceso de la grabación, sino también en la composición. Siento, además, que esto es cierto también para los músicos involucrados. Todos hemos puesto todo el corazón que tenemos. Pero el tiempo dirá si el disco es capaz de mover el corazón de las personas. Definitivamente, el mío lo mueve.

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La Noche de la Filosofía: Una academia más cercana, menos académica

Performance 'Este cuerpo no es mío' | © Archivo PUCP

Artículo escrito por Martín Carrasco

Fue en el año 2010 que a la filósofa y dramaturga francesa Mériam Korichi se le encargó un proyecto distinto que pudiera rendir tributo a la filosofía, que propusiera hablar de ella. ¿Cuán complicado puede resultar hacer algo así? La inquietud proviene, desde luego, de un observador cuyo país vive una disminución constante en su interés por las humanidades para darle paso directo a la inmediatez.

Salomón Lerner, filósofo y rector emérito de la PUCP, reflexiona sobre ello en una columna publicada en el diario La República, donde señala: “Reducir el estudio de las letras en las escuelas y en las universidades implica reducir las capacidades de las nuevas generaciones y, por lo mismo, empobrecer nuestra sociedad. La decadencia de las humanidades resulta entonces la decadencia del sistema político en su sentido más rico”.

No se trata tampoco de una marca registrada en el Perú. Este fenómeno no nos pertenece con derecho de exclusividad. De ser así no se entendería la situación actual de Estados Unidos con Trump, Inglaterra con el Brexit o la propia Francia con la candidatura de Marine Le Pen. ¿Cuánta culpa tiene la academia ante esta situación? ¿Cuánto se han debatido los problemas de la sociedad con la sociedad misma?

En los cincuentas y sesentas aún se vivía con fuerza la idea de una literatura comprometida que, para bien o para mal de la propia literatura, intentaba ejercer un puente entre la sociedad y la academia. Vargas Llosa, García Márquez, Fuentes y todo el ‘boom’ fueron parte de esa premisa promovida por el filósofo y escritor francés Jean Paul Sartre. Las formas fallaron; sin embargo, la intención, la propuesta había que retomarla, hacer del lenguaje académico uno más permeable.

Esa tendría que haber sido la intención cuando Monique Canto-Sperber, la directora en esos años del Ecole Normale Supérieure, le propuso a Mériam Korichi crear un evento tributo a la filosofía. Diversas ciudades han replicado esta iniciativa desde entonces: Londres, Berlín, Nueva York, Praga, Buenos Aires y Lima.

¿Cómo ser atractivos un viernes por la noche? El 21 de abril, la fecha en que debía realizarse La noche de la filosofía en nuestro país, caía viernes y había que tener eso en cuenta. Cuando se realizó por primera vez los retos eran similares. He ahí el porqué de realizarla en la noche, el porqué de liberar la filosofía de la ponzoña de las mañanas. Si la mayor actividad creativa de uno se nos da en las noches, ¿por qué tener que celebrar actividades académicas durante el día? El cambio de rutina es, pues, atractivo. Así lo pensó Mériam Korichi y de la misma manera tiene que haber sucedido con Miguel Giusti, filósofo y encargado de la realización de La noche de la filosofía en Lima.

Con esta idea en la cabeza, Giusti se reunió con los encargados de las distintas áreas del CCPUCP para hacerles entender que no se trataba de un evento puramente académico; que de hecho tenía que ser lo menos académico posible.

El CCPUCP cuenta con un restaurante café, una librería, sala de cine, teatro, galería de arte y varias salas de estudio y conferencias. Todo ello habría de ser utilizado para las distintas actividades. Desde el CEF (Centro de estudios filosóficos), dirigido precisamente por Giusti, empezaron a salir las propuestas. El teatro podía servir para un concierto de clarinetes de la Especialidad de Música de la PUCP, ahí también podía tocar el grupo Miel, con un sonido electrónico, pop, psicodélico y cuya vocalista estudia filosofía y enseña yoga. Todas las salas de conferencias debían servir para talleres y mesas redondas.

En el cine se iban a pasar tres películas que serían comentadas por expertos en filosofía. La que mayor atracción causó fue la exhibición de Youth, que Jorge Bruce recomendaba desde su cuenta de twitter, mencionando que ahí salía Maradona, por si acaso. Las colas para entrar también respondían al nivel de convocatoria que posee el filósofo Victor Krebs, encargado de dar los comentarios al final de la película.

Pisos más arriba Federico Camino, Raúl Gutiérrez y José León iniciarían una pregunta clave para la noche: ¿Qué es la filosofía? El auditorio se llenó, en su mayoría de jóvenes.  Aún me cuesta ver a Camino sin imaginármelo como personaje novelesco de una de los libros de Bryce Echenique. Él aparece en La vida exagerada de Martín Romaña, así como en las memorias del mismo autor. Cuesta diferenciar el personaje tierno de la novela del profesor respetado frente al micro. ¿A los que están sentados les pasará lo mismo?

Mirando las fotos que iban subiendo al evento en Facebook se podía comprobar que la recepción había sido positiva en los tres locales de la noche (además del CCPUCP, La noche de la filosofía se celebró de manera simultánea en La Casa de la Literatura Peruana, en el cercado de Lima, y en Teatro Vichama, en Villa El Salvador). El CCPUCP abrió sus puertas hasta las tres de la madrugada, en otras ciudades ha llegado a durar hasta las siete de la mañana. Semanas después aún se sigue hablando del éxito de esa noche.

 En nuestro país las humanidades aún siguen siendo relegadas, eso no va a cambiar de un día para otro, pero el nivel de acogida de La noche de la filosofía quizás nos demuestre que interés no es lo que nos falta, sino las alternativas y las propuestas de cómo presentarlas. Tal vez la gran lección de la noche fue dejar de ser académicos por una noche para hacer llegar la academia a la gente. Aunque sea por una noche.

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Mateo Salado: La huaca de las cinco pirámides escalonadas

El sitio ofrece guiados nocturnos para recorrer las pirámides bajo otra mirada | © Pedro Espinoza Pajuelo

Artículo escrito por Carina Moreno

En el límite de tres distritos, Breña, Cercado de Lima y Pueblo Libre, a unos metros de la Plaza de la Bandera, se encuentra uno de los complejos arqueológicos más importantes y extensos de la ciudad de Lima. Con cinco pirámides escalonadas truncas, Mateo Salado fue un centro ceremonial Ichma que luego fue reocupado por los incas.

Mateo Salado debe su nombre al francés Matheus Salade, perseguido por la Inquisición y ejecutado en la hoguera en el siglo XVI; su denominación original precolombina aún se encuentra en estudio. “Chayacala”, “Chayacalca” o “Chayacalta” son algunos de los posibles nombres utilizados por sus primeros ocupantes. 

Luego de años de abandono y deterioro, el Ministerio de Cultura inició las investigaciones arqueológicas en Mateo Salado en el año 2007. Desde entonces, y con presupuesto asignado íntegramente por el Estado Peruano, se han puesto en valor tres de las cinco pirámides del complejo.

Mateo Salado destaca “por su arquitectura, siendo una de las máximas expresiones de las construcciones prehispánicas de Lima. Son monumentales, variadas (hay templos y posiblemente palacios) y expresan el poder y el grado de organización de los ichmas (1100-1450 d.C.)”, asegura Pedro Espinoza, arqueólogo a cargo del proyecto.

“Luego los incas arribaron a la costa central y respetaron los antiguos centros de poder como Mateo Salado. Además de la arquitectura, en la Pirámide E o Funeraria se han encontrado restos de medio centenar de entierros ichma con influencia inca, así como el entierro de un chino de fines del siglo XIX. Mateo Salado expresa así las diferentes sociedades que ocuparon Lima a través del tiempo, una síntesis de la historia de la ciudad”. 

Según el arqueólogo, “la pirámide A es la más grande de Mateo Salado y habría cumplido funciones de templo. La Pirámide B destaca por su arquitectura compleja y el repetido hallazgo de representaciones de aves en relieves y pinturas murales, grafitis, husos y mates. De allí que también se la llame ‘Pirámide de las Aves’. Pudo haber sido un palacio, aunque no descartamos que también sea un templo secundario, como lo fue la Pirámide E o Funeraria, la más pequeña del conjunto.”

Gestión hacia la comunidad
Además de las visitas al sitio, Mateo Salado ofrece una amplia gama de actividades culturales. “Una de las fortalezas del trabajo en Mateo Salado es su programa de gestión hacia la comunidad que se viene realizando desde el 2011”, afirma Espinoza. “Mateo Salado tiene mensualmente actividades artísticas, culturales y educativas de ingreso libre, las cuales buscan crear una interrelación positiva entre el vecino y el monumento, contribuyendo así a la apropiación social del patrimonio arqueológico local, y consecuentemente, al desarrollo de la comunidad”.

Desde que Mateo Salado se abrió al público en el 2014, la cobertura de servicios se ha ido ampliando. Actualmente, se abre el sitio de miércoles a domingo de 9 am a 4 pm y se ofrecen también, con reserva previa, guiados nocturnos, para los cuales Mateo Salado cuenta con un sistema de iluminación que realza inigualablemente las dos pirámides más grandes del sitio.

Visitas guiadas a Mateo Salado: mié-dom 9am-4pm | Precio de entrada: S/10 a S/1 | 6189393 anexo 1060 | mateosalado@cultura.gob.pe

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El Paradero Cultural: Aquí me bajo

El Paradero Cultural es un espacio independiente en el distrito de Lince © | Difusión

Artículo escrito por Manuel Orbegozo

Minimalista como un lienzo en blanco, El Paradero pretende ser el baluarte para artistas independientes que buscan un espacio donde experimentar en equipo. Ubicado en el distrito de Lince, El Paradero es una metáfora de la creación artística, un laboratorio y también un punto de partida. “Aquí los artistas pueden reunirse, conocerse y conectar”, señala Henri Quispe, fundador y gestor del proyecto.

La visión de Quispe, diseñador gráfico autodidacta, fue utilizar cada uno de los cinco espacios de la primera planta para distintas actividades. El Paradero cuenta con una sala de proyección —Quispe sueña con la idea de un cineclub—, un escenario equipado para conciertos, teatro y micro-libre, un bar y dos salas estilo lounge para muestras.

En 2012, Quispe y Miriam Alvarado, su novia y socia, compraron la casa como residencia. A comienzos de 2016, Quispe ya germinaba la idea de utilizarla como un espacio cultural. Durante 10 meses remodeló la casa y en noviembre inauguró El Paradero como un proyecto autofinanciado. Desde entonces, El Paradero se ha llenado de sikuris, de proyecciones de Transcinema, talleres de verano para niños y adultos, muestras de fotógrafos independientes y conciertos de músicos como Rafo Ráez y Riber Oré, este último recientemente condecorado por la UNESCO.

“Las últimas veces que hemos tenido eventos, mucha gente se ha sentido identificada porque no muchos espacios te ofrecen ese sentido de comunidad”, afirma Quispe. “Es un lugar no institucionalizado”.

Creación colectiva
Uno de los eventos más memorables fue la actividad pro-fondos para cubrir los gastos de la cirugía ocular del fotoperiodista Marco ‘Atoq’ Ramón, quien a mediados de enero sufrió el disparo de un perdigón en el ojo izquierdo mientras cubría una manifestación. Al evento asistieron amigos, colegas y demás colectivos de artistas que pusieron a la venta sus obras para salvarle la vista al “zorro ladrón de gallinas”. Actualmente, la gigantografía de una de las fotos tomadas por Ramón decora la fachada del local.

Quispe busca que El Paradero sea una opción alternativa a los puntos artísticos convencionales como Barranco y a la vez un espacio donde artistas conocidos y emergentes se apoyen mutuamente, en sinergia.
Crear, promover e impulsar. Bajo estos principios, El Paradero seguirá consolidándose como un centro comunitario y multidisciplinario indispensable para el arte colectivo e independiente en Lince.

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