Andrea Díaz y Manolo Jaime protagonizan ‘La memoria de la piel’. / Foto: Difusión

Dos individuos llevan existencias paralelas, tanto física como emocionalmente. Son una mujer y un hombre. Su espacio vital está delimitado por la cama que cada uno habita. Los vemos crecer, soñar, tener miedo, sentir deseos, madurar, encontrarse… Sus miradas se cruzan un día desde la azotea de sus camas, y sus cuerpos los empujan a reclamarse el uno al otro. No habrá nada qué decirse: el gesto, el movimiento, la danza, las acrobacias y los títeres serán las herramientas que ellos utilizarán para contarnos su historia de amor. Porque de eso trata precisamente esta propuesta escénica: una historia de amor contada de otra manera, desde el lenguaje del cuerpo, donde sobran las palabras.

La memoria de la piel, que se estrenó ayer viernes en Agárrate Catalina bajo la dirección de Lucía Meléndez, está protagonizada por los bailarines-actores Andrea Díaz y Manolo Jaime. En clave de danza y explotando su formación en las acrobacias circenses, Andrea y Manolo exploran el terreno de las emociones humanas desde esa trinchera que es nuestro propio cuerpo.  En el escenario, dos camas han sido transformadas en pequeñas carpas ambulantes de circo, cuyas estructuras les permiten hacer acrobacias en tela y en mástil. Juntos o por separado, la puesta en escena se convierte así un espectáculo híbrido entre la danza y las técnicas de circo, donde la acrobacia no es un espectáculo per se, sino una forma alternativa de expresar una idea, un sentimiento, una emoción.

No es la primera vez que Andrea, Manolo y Lucía trabajan juntos para armar un espectáculo de similares características. De cierta manera, La memoria de la piel se puede considerar una adaptación de su última performance, Disomnia, un espectáculo que también combinaba elementos de danza y circo y donde las camas tenían un papel protagónico. La diferencia entre una propuesta y otra es principalmente argumental: mientras que en Disomnia Andrea y Manolo interpretaban a dos personajes que padecían alteraciones en el sueño que los iban sumergiendo en una realidad alternativa, en La memoria de la piel reflexionan sobre las experiencias que guarda nuestro cuerpo y como éstas nos afectan a la hora de entregarnos a otra persona.

El principal valor de la esta obra es como sus autores han logrado combinar distintos códigos del lenguaje escénico (al que hay que añadir el teatro de sombras) para narrar el encuentro de dos personas y, a partir de sus fragmentos, construir una historia de amor.

‘La memoria de la piel’: Una historia de amor a través del cuerpo

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