Artículo escrito por Martín Carrasco

Fue en el año 2010 que a la filósofa y dramaturga francesa Mériam Korichi se le encargó un proyecto distinto que pudiera rendir tributo a la filosofía, que propusiera hablar de ella. ¿Cuán complicado puede resultar hacer algo así? La inquietud proviene, desde luego, de un observador cuyo país vive una disminución constante en su interés por las humanidades para darle paso directo a la inmediatez.

Salomón Lerner, filósofo y rector emérito de la PUCP, reflexiona sobre ello en una columna publicada en el diario La República, donde señala: “Reducir el estudio de las letras en las escuelas y en las universidades implica reducir las capacidades de las nuevas generaciones y, por lo mismo, empobrecer nuestra sociedad. La decadencia de las humanidades resulta entonces la decadencia del sistema político en su sentido más rico”.

No se trata tampoco de una marca registrada en el Perú. Este fenómeno no nos pertenece con derecho de exclusividad. De ser así no se entendería la situación actual de Estados Unidos con Trump, Inglaterra con el Brexit o la propia Francia con la candidatura de Marine Le Pen. ¿Cuánta culpa tiene la academia ante esta situación? ¿Cuánto se han debatido los problemas de la sociedad con la sociedad misma?

En los cincuentas y sesentas aún se vivía con fuerza la idea de una literatura comprometida que, para bien o para mal de la propia literatura, intentaba ejercer un puente entre la sociedad y la academia. Vargas Llosa, García Márquez, Fuentes y todo el ‘boom’ fueron parte de esa premisa promovida por el filósofo y escritor francés Jean Paul Sartre. Las formas fallaron; sin embargo, la intención, la propuesta había que retomarla, hacer del lenguaje académico uno más permeable.

Esa tendría que haber sido la intención cuando Monique Canto-Sperber, la directora en esos años del Ecole Normale Supérieure, le propuso a Mériam Korichi crear un evento tributo a la filosofía. Diversas ciudades han replicado esta iniciativa desde entonces: Londres, Berlín, Nueva York, Praga, Buenos Aires y Lima.

¿Cómo ser atractivos un viernes por la noche? El 21 de abril, la fecha en que debía realizarse La noche de la filosofía en nuestro país, caía viernes y había que tener eso en cuenta. Cuando se realizó por primera vez los retos eran similares. He ahí el porqué de realizarla en la noche, el porqué de liberar la filosofía de la ponzoña de las mañanas. Si la mayor actividad creativa de uno se nos da en las noches, ¿por qué tener que celebrar actividades académicas durante el día? El cambio de rutina es, pues, atractivo. Así lo pensó Mériam Korichi y de la misma manera tiene que haber sucedido con Miguel Giusti, filósofo y encargado de la realización de La noche de la filosofía en Lima.

Con esta idea en la cabeza, Giusti se reunió con los encargados de las distintas áreas del CCPUCP para hacerles entender que no se trataba de un evento puramente académico; que de hecho tenía que ser lo menos académico posible.

El CCPUCP cuenta con un restaurante café, una librería, sala de cine, teatro, galería de arte y varias salas de estudio y conferencias. Todo ello habría de ser utilizado para las distintas actividades. Desde el CEF (Centro de estudios filosóficos), dirigido precisamente por Giusti, empezaron a salir las propuestas. El teatro podía servir para un concierto de clarinetes de la Especialidad de Música de la PUCP, ahí también podía tocar el grupo Miel, con un sonido electrónico, pop, psicodélico y cuya vocalista estudia filosofía y enseña yoga. Todas las salas de conferencias debían servir para talleres y mesas redondas.

En el cine se iban a pasar tres películas que serían comentadas por expertos en filosofía. La que mayor atracción causó fue la exhibición de Youth, que Jorge Bruce recomendaba desde su cuenta de twitter, mencionando que ahí salía Maradona, por si acaso. Las colas para entrar también respondían al nivel de convocatoria que posee el filósofo Victor Krebs, encargado de dar los comentarios al final de la película.

Pisos más arriba Federico Camino, Raúl Gutiérrez y José León iniciarían una pregunta clave para la noche: ¿Qué es la filosofía? El auditorio se llenó, en su mayoría de jóvenes.  Aún me cuesta ver a Camino sin imaginármelo como personaje novelesco de una de los libros de Bryce Echenique. Él aparece en La vida exagerada de Martín Romaña, así como en las memorias del mismo autor. Cuesta diferenciar el personaje tierno de la novela del profesor respetado frente al micro. ¿A los que están sentados les pasará lo mismo?

Mirando las fotos que iban subiendo al evento en Facebook se podía comprobar que la recepción había sido positiva en los tres locales de la noche (además del CCPUCP, La noche de la filosofía se celebró de manera simultánea en La Casa de la Literatura Peruana, en el cercado de Lima, y en Teatro Vichama, en Villa El Salvador). El CCPUCP abrió sus puertas hasta las tres de la madrugada, en otras ciudades ha llegado a durar hasta las siete de la mañana. Semanas después aún se sigue hablando del éxito de esa noche.

 En nuestro país las humanidades aún siguen siendo relegadas, eso no va a cambiar de un día para otro, pero el nivel de acogida de La noche de la filosofía quizás nos demuestre que interés no es lo que nos falta, sino las alternativas y las propuestas de cómo presentarlas. Tal vez la gran lección de la noche fue dejar de ser académicos por una noche para hacer llegar la academia a la gente. Aunque sea por una noche.

La Noche de la Filosofía: Una academia más cercana, menos académica

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